
Los puntos de referencia de aquél ambiente, luces y sombras, le llevaron a la única conclusión posible. Él era la claridad que existiría mientras sus pasos se encaminasen hacia delante aunque eso supusiese dar vueltas en círculo durante toda su existencia. Asumió el riesgo. Era mucho mejor eso que ser fagocitado por una enorme mancha negra. Caminó sin parar durante horas, tal vez días, posiblemente semanas, sin sentir hambre, sed o cansancio. Aquél reto de un paisaje sin horizonte le retroalimentaba. Anduvo titubeante al principio, después, cuando sus muslos se reafirmaron en aquél mundo inhóspito, con paso firme, luego, cuando la ansiedad se apoderó de él, empezó a correr dejando estelas luminosas como estrellas fugaces en el camino ya recorrido. Era tanta la necesidad que sentía en llegar a algún sitio que no se percató que sus piernas avanzaban con mayor lentitud no por un agotamiento que no tenía, sino a causa de la húmeda densidad que había transformado el ambiente en una viscosidad por la que era difícil adelantar. Hasta llegar a un punto en que le fue imposible avanzar. Allí estaba, frente a una pared impenetrable en un desconocido momento de su existencia. Fue entonces cuando ocurrió.
Un fogonazo luminoso que provenía detrás de aquél muro le hizo cerrar instintivamente unos ojos que durante mucho tiempo se habían acostumbrado a navegar en la oscuridad. Pasaron diez minutos sin que pudiese abrirlos. Sin que se atreviese a abrirlos presa de un irracional miedo a conocer su situación cuyo final intuía próximo. A medida que sus ojos se acostumbraron al torrente de luz, los fue abriendo. Lo que antes era una muralla inexpugnable, apareció ante él como una fina, aunque resistente, lámina dúctil y transparente. A través de ella pudo ver el contorno de una figura que fue haciéndose más nítida a medida que se acercaba a ella. Las líneas de la silueta se hicieron diáfanas y supo que era Él a quién estaba viendo tras aquella especie de membrana transparente. Pegó su cara a la piel del ojo como si eso diese sentido a lo que estaba viendo, al terror que sentía cuando de repente recordó haberle dicho a Ella, mirándola fijamente: “quiero bucear en la profundidad abisal de tus ojos hasta alcanzar la cima de tu alma”. Justo en el momento en que, descuidadamente, frotaba la lámpara de Aladino .
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Autor: Alba y Alvaro
Fecha: 23/03/2007 13:11.
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Autor: TERESA
Fecha: 23/03/2007 22:20.
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Autor: Helena
Fecha: 24/03/2007 04:11.
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Autor: El Hada De Los Sueños
Fecha: 24/03/2007 17:24.
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Fecha: 25/03/2007 18:38.
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Fecha: 25/03/2007 18:51.
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Fecha: 29/03/2007 09:38.
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Fecha: 29/03/2007 20:53.
Autor: Para Noa-, navegando entre dos aguas distintas
Fecha: 29/03/2007 20:55.
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Autor: Milis
Fecha: 30/08/2007 01:02.
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